La Administración de Donald Trump ha recibido esta semana al primer enviado ruso que viaja a territorio estadounidense desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022. Este es un nuevo indicio del rápido deshielo entre Washington y Moscú tras la llegada del nuevo presidente a la Casa Blanca. En un comentario en redes sociales este jueves, Kiril Dimitriev, gestor del fondo soberano de su país y representante del presidente Vladímir Putin para inversiones y cooperación económica, ha confirmado que se reunió en la capital de EE UU con el enviado estadounidense para Oriente Próximo y Rusia, Steve Witkoff.
“Numerosas fuerzas interesadas en mantener las tensiones se encuentran en el camino del restablecimiento de una cooperación constructiva… Esas fuerzas están distorsionando deliberadamente la posición de Rusia, intentando interrumpir cualquier paso hacia un diálogo, sin ahorrar dinero ni recursos para ello”, escribió Dimitriev en su canal de Telegram. Por esa vía, también apuntó que se había reunido con “representantes de la Administración del presidente Donald Trump” el miércoles y planeaba continuar sus encuentros este jueves.
Dimitriev llegó el martes a Washington y se reunió con Witkoff en la Casa Blanca el miércoles, según han apuntado altos cargos estadounidenses. Para que pudiera viajar, el Departamento del Tesoro tuvo que retirarle durante una semana las sanciones que le había aplicado, como a otros altos cargos rusos, a raíz de la invasión rusa de Ucrania, y que le describían como “un conocido aliado de Putin”. Una vez retiradas temporalmente, el Departamento de Estado pudo emitirle un visado.
La visita de Dimitriev se produce después de que este fin de semana Trump pronunciara sus comentarios más críticos desde su regreso a la Casa Blanca sobre Putin, acerca del cual habitualmente se muestra muy elogioso. En declaraciones el domingo, dijo estar «muy enfadado” con su homólogo ruso por sugerir que una Administración internacional sustituyera al presidente Volodímir Zelenski al frente de Ucrania.
El presidente de EE UU quiere presentarse como un “pacificador”, según sus propias palabras, un mediador entre Kiev y Moscú para lograr un alto el fuego primero y un acuerdo de paz definitivo después que ponga fin a la guerra de los últimos tres años. Pero en sus declaraciones se ha mostrado de manera sistemática mucho más cercano a las posiciones de Rusia, el teórico adversario de Washington, que de Ucrania, el aliado al que la Administración demócrata de Joe Biden prometió apoyar “con todo lo que hiciera falta todo el tiempo que hiciera falta” y a cuyo presidente Trump ha llegado a abroncar en público en el Despacho Oval.
La reunión del emisario ruso con Witkoff tuvo lugar el día en el que Trump presentaba su lista de aranceles, que impone un mínimo del 10% a la mayoría de países del mundo, pero en la que Rusia no figura.
“Restablecer el diálogo es un proceso difícil y gradual. Pero cada reunión, cada conversación franca, nos permite seguir avanzando”, escribía el representante del Kremlin. “Un verdadero entendimiento de la posición rusa abre nuevas oportunidades para una cooperación constructiva, incluidas las áreas de la inversión y la economía”.