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Marimar Jiménez y Emilio García: “Si Europa depende de los chips de EE UU o China su soberanía estará limitada”

El mundo está inmerso en una guerra sin cuartel. El objeto de confrontación es un dispositivo minúsculo. Quien controle su fabricación y desarrollo llevará las de ganar. El campo de batalla es la tecnología y las armas elegidas para el duelo son los chips. EE UU y China compiten por liderar la industria de los semiconductores en un pulso con implicaciones geopolíticas y comerciales. En juego está, como recuerdan la periodista del EL PAÍS Marimar Jiménez Páez y el analista de políticas digitales Emilio García García en su libro Chips y poder (Catarata), el dominio de la inteligencia artificial y futuras innovaciones disruptivas.

Pregunta. ¿Por qué aseguran en su libro que quien controle la industria de los chips dominará el mundo?

Emilio García. Porque la sociedad y la economía dependen de la tecnología. Y a su vez esta depende de los chips. Miremos donde miremos, están en todos los lados: coches, electrodomésticos, ordenadores, teléfonos…

P. Lo que debería ser una disputa empresarial convencional ha escalado hasta convertirse en una pugna geopolítica. ¿A qué lo atribuyen?

Marimar Jiménez. La guerra de los chips la dirigen los políticos, pero la combaten las empresas. Son los gobiernos quienes deciden cómo se mueven sus peones corporativos.

P. Y en esa gran contienda, ¿quién lleva las de ganar?

E. G. Más bien todos tenemos algo que perder. En un entorno de conflicto lo que se resiente es la innovación. En este momento estamos en una situación de tablas. Ni China logra romper su techo de cristal para fabricar chips más avanzados, ni EE UU logra parar del todo a China.

P. Esta industria ha logrado reducir al mínimo el tamaño de los chips y, al mismo tiempo, incrementar exponencialmente su capacidad. ¿Cuál será la siguiente etapa en el desarrollo de esta tecnología?

M. J. La industria se ha basado históricamente en la Ley de Moore, que viene a decir que cada dos años se duplica el número de transistores que se meten en el mismo espacio. Claro, eso tiene un límite y ese límite lo marcarán las leyes de la física. Podremos llegar a escalas subnanométricas, pero esta carrera por el tamaño llegará a su fin. Vamos a ir a una industria que tratará de que los chips se comuniquen de manera más rápida a través de la fotónica en lugar de la electrónica. También se trabaja en mejorar su empaquetamiento para que más chips trabajen juntos al mismo tiempo.

P. Y estos desarrollos, ¿qué implicaciones prácticas pueden tener?

E. G. Eso lo van a marcas las distintas innovaciones tecnológicas. Obviamente, una primera frontera va a ser el 6G, pero detrás habrá nuevas fronteras tecnológicas que aún no podemos imaginar. La robótica, la conducción autónoma, la computación cuántica para los que es crucial tener chips más potentes.

P. ¿Por qué estos dispositivos son tan importantes en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA)?

M. J. Los chips funcionan en dos etapas. En primer lugar, en el entrenamiento de las aplicaciones, para que estas sepan cómo actuar; y también en la inferencia, que es cuándo nosotros les preguntamos a los autómatas. Son dos momentos en los que tener chips más potentes es clave, sobre todo que procesen mucha información en paralelo. Realmente, un chip de IA no es un chip solo, sino que son un conjunto de chips: lógicos, que son los que aplican la lógica a la IA; y de memoria. Los componentes más avanzados se dedican a los chips de IA.

P. ¿Por qué las tierras raras juegan un papel tan importante en este área tecnológica?

E. G. No solo las tierras raras son importantes, ahora mismo hay más de 300 materiales que intervienen en la fabricación de los chips. Si antes en un semiconductor avanzado había siete elementos de la tabla periódica, ahora hay 70. Además de las tierras raras también intervienen gases. La guerra de Ucrania, por ejemplo, provocó que el gas neón, que es fundamental para fabricar los chips, escaseara. Al final, la materia prima de la que están hechos los sueños eléctricos son los materiales de la naturaleza.

P. ¿Y dónde se concentran estos materiales clave?

M. J. Fundamentalmente en Asia. El principal productor es China, aunque eso no significa que luego procesen estos materiales.

P. Ya que el desarrollo de esta tecnología se financia con dinero público, ¿creen que los Estados deberían también participar de los ingentes beneficios que luego logran las compañías privadas por la comercialización de estas innovaciones?

E. G. Sí, absolutamente. La Ley Chips en EE UU, tal y como lo diseñó la Administración Biden, buscaba ese objetivo. Las empresas tenían limitados los beneficios. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump esta restricciones van a caer.

P. ¿Hasta qué punto puede condicionar el desarrollo de la industria de los chips la nueva Administración estadounidense?

M. J. Es difícil saber en este momento qué quiere Trump. Si pone aranceles, impactará en los precios de los chips, pero también para los estadounidenses. También dependerá su impacto de qué tipo de barreras sean; una cosa es imponer aranceles sobre chips y otra sobre los productos que llevan los chips. Por ejemplo, a China, si le pone solo aranceles sobre los chips, exporta muy pocos chips a EE UU, pero si pones tarifas a productos que llevan semiconductores chinos es otra cuestión. Y eso también afectaría a países aliados de EE UU como pueden ser Taiwán, Corea del Sur o Malasia.

P. EE UU está muy interesada en trabar el desarrollo de la industria china de los chips, ¿no cree que esa estrategia puede tener el efecto contrario al que se busca de forzar a Pekín a acelerar en la innovación?

E. G. Obviamente, las presiones de EE UU están frenando el desarrollo de China. El país está clavado cinco años por detrás de su rival y es difícil que supere el techo de cristal de los siete o cinco namómetros de tamaño. Sin embargo, al mismo tiempo la Administración americana le está obligando a desarrollar toda la cadena de suministro dentro de su propio territorio, algo que antes no tenía. No hay que descartar que un salto en innovación le permita chips avanzados no basados solo en miniaturización. Conviene recordar que los estudios científicos de China son los más citados, más que los de EE UU.

P. Al hilo del la innovación china ligada a la autarquía forzada por EE UU. ¿Qué lecciones habría que sacar del caso DeepSeek?

M. J. Este es un caso muy curioso. Es algo que no surge del sistema de innovación chino propiamente dicho. DeepSeek era una empresa marginal, que no había recibido, que se sepa, fondos estatales. Por lo tanto, la primera lección es que entre las rendijas de control de China también surgen innovaciones que no tenía bajo el radar el sistema. También es un ejemplo de guerra híbrida en el sentido de que hay mucha información sobre DeepSeek y no toda es cierta. Por ejemplo, es discutible el tema del ahorro, de que sea más barato [que la última versión de ChaGPT]. Y para EE UU también supone un repliegue y una ruptura con la tradicional filosofía de libre mercado porque no quieren que su tecnología caiga en manos de gente que considera peligrosa para la democracia. Entonces su irrupción está cambiando el modelo de gobernanza tecnológica a nivel global: tanto en China, porque se está abriendo al mercado privado, como en EE UU, donde está produciendo un repliegue.

P. ¿Qué papel juega Europa, arrinconada entre estas dos superpotencias?

E. G. Europa tiene un gran gigante tecnológico en el campo de los chips que es ASML. Es la que hace una de las máquinas que interviene en la fabricación de los chips. Hay que recordar que en la fabricación de un chip intervienen hasta 500 máquinas para ver lo complejo que es su desarrollo. Y cada una de esas empresas tiene una situación de monopolio en su especialidad. El problema que tiene Europa es que le falta un objetivo común dentro de la carrera de los chips. Japón ha creado un campeón nacional, mientras que en Europa el gran proyecto común es simplemente fomentar el ecosistema de innovación. Europa necesita liderazgo y un proyecto común porque está en juego la soberanía tecnológica.

P. ¿Sería bueno para este proyecto común fomentar la fusión de empresas tecnológicas para crear un gran campeón?

M. J. Al final, para bien o para mal, el único modelo que funciona en Europa es el de Airbus. Es decir, dentro del sector tienes varias empresas y necesitas concentrarlas en un gran campeón europeo. Esa podría ser una solución, otra es el modelo de Japón, que ha creado desde cero ese gran campeón nacional con financiación privada. Probablemente, en Europa hay mimbres para crear un campeón europeo.

P. ¿Qué nos jugamos los europeos si no se consigue?

E. G. La soberanía. Si Europa depende de los chips de EE UU o de China nuestra soberanía va a estar limitada. El ejemplo es la última norma que aprobó Joe Biden sobre difusión de la IA. Esta normativa limitaba a 19 los países que podían recibir los chips de IA. No todos los Estados de Europa podían recibirlos. ¿Eso cómo cuadra con el mercado único?

P. ¿España en qué grado de desarrollo se encuentra en este área?

M. J. España perdió el tren de la microelectrónica cuando se fue de Tres Cantos (Madrid) una empresa que creó ATT que en su tiempo, principios del siglo, era de las más avanzadas. Ahora podemos entrar en ciertos segmentos que no estén aún totalmente desarrollados como la fotónica o en áreas donde haya una oportunidad de negocio como por ejemplo en la maquinaria de fabricación de chips. Y por supuesto, participar en un gran proyecto europeo.

P. ¿Creen que el potencial de este negocio es tan grande para justificar las valoraciones de las empresas de chips en Bolsa? ¿O hay cierta burbuja?

E. G. La Bolsa al final refleja expectativas. Es difícil saber si las valoraciones del mercado son justas o injustas.

P. ¿Son importantes los chips en las guerras del siglo XXI?

M. J. Son de vital importancia. Lo estamos viendo ya. Uno de los problemas que tuvo Rusia en Ucrania al principio de la invasión fue que no tenía chips para su ejército y tenía que arrancarlos de los electrodomésticos. Los chips son importantísimos para la Defensa. Estamos en la segunda guerra de los chips, la primera fue la guerra fría y la ganó en EE UU porque pudo hacer armas más baratas y precisas. Los chips son fundamentales en la industria bélica. Es verdad que en este campo, no importa tanto la potencia de los chips como que sean confiables.