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Lo que dice la ciencia sobre el ritual matutino más absurdo de las redes sociales (y no es todo malo)

Si vemos un grupo de nadadores listos para saltar a la piscina, con sus espaldas anchas y cuerpos fibrados, resulta lógico pensar que si empezamos a nadar, nuestro cuerpo se parecerá al suyo. Pero, aunque el deporte modifique el aspecto físico, el camino que lleva a los nadadores al trampolín suele ser el contrario. Los tipos que por genética tienen esos cuerpos acaban compitiendo en natación, igual que solo los que son muy delgados llegan a la cumbre en la maratón. Ser consciente de este sesgo puede ayudar a entender por qué, en los tiempos de la medicina personalizada, las tendencias de salud de las redes sociales, con consejos mágicos que pueden cambiarle la vida a cualquiera, se deben valorar con escepticismo.

Uno de los vídeos virales más comentados de los últimos tiempos es la rutina mañanera de Ashton Hall, un aspirante a jugador de la NFL (la liga estadounidense de fútbol americano), que no llegó y se recicló como influencer. Puedes reinventar tu vida en un año, nos promete en su página de Instagram. Como muchos otros vendedores como él, da consejos con su musculoso torso al aire sobre cómo convertirse en un ganador. Mázate y lo demás vendrá por añadidura es el mensaje implícito. Pero su negocio tiene más que ver con azuzar una sensación de insuficiencia que atraiga, sobre todo a hombres, que compren sus productos para tener el cuerpo de un jugador de fútbol americano, su cuenta corriente y sus novias. Pero vamos a mirar con ojo científico esta rutina, que se parece a muchas otras de influencers similares que dicen a sus seguidores que si no son millonarios es porque no siguen bien sus consejos.

En su rutina, se levanta antes de las 3.52 de la mañana. Los estudios científicos coinciden en que las personas que se levantan pronto suelen tener mejor salud mental, en parte porque la sociedad está organizada para ellos. Muchas personas con éxito profesional se levantan dos o tres horas antes que el común de los mortales. Tim Cook, director ejecutivo de Apple, se levanta a las 4 de la madrugada para tener tiempo de reflexión y trabajo a solas y hacer ejercicio antes de que el resto del mundo se convierta en una distracción. La editora de Vogue, Anna Wintour, se despierta a las 5 y empieza el día jugando al tenis en el club Midtown, de Nueva York, y Ana Botín, presidenta del Banco Santander, ha dicho que se levanta todos los días a las 5.30.

Como sucede en el caso de los nadadores, es muy probable que la mayor parte de estas personas tuviesen unas condiciones de partida que les haga más fácil tener horarios extremos o renunciar a la vida social que hace posible despertarse y acostarse a horas normales. El cronotipo se puede modificar, aunque difícilmente alguien con uno vespertino pasará a ser completamente matutino. Un estudio con 690.000 personas mostró la importante influencia de la genética en la facilidad para madrugar. Algunos estudios sugieren que hacer ejercicio por la mañana o cenar temprano ayuda a adelantar la hora a la que nos despertamos, y también, que es importante no cambiar los hábitos durante el fin de semana para evitar el jet lag social. En resumen, igual que no todo el mundo tiene la misma facilidad para tener unos pectorales gigantescos, ni los motivos para aspirar a ellos, levantarse dos horas antes de amanecer tampoco ha de ser una aspiración general. En parte, porque si lo hiciésemos, obligaríamos a Tim Cook a despertarse pocas horas después de anochecer y a Ashton Hall a inventar otras formas de llamar la atención.

Siguiendo con la rutina de Hall, parece que una de las primeras cosas que hace al abrir los ojos es arrancarse una cinta de la boca. Este hábito también se ha vendido como una panacea por influencers de salud y bienestar de las redes sociales, con beneficios para el sistema inmune, mayor energía, mejores digestiones, eliminar los ronquidos e, incluso, afilar la mandíbula. La mayor parte de estas afirmaciones no se han probado en estudios científicos, salvo, en algunos casos, para mejorar los ronquidos o la apnea de sueño. Como en el caso anterior, de un modo general, la idea se apoya en una realidad: respirar por la nariz es mejor que hacerlo por la boca. Pero eso no significa que utilizar un esparadrapo para dormir sea algo para todos.

“Lo de los esparadrapos en la boca depende de personas, hay algunas que al cerrar la boca se obligan a respirar por la nariz o que se ponen una mentonera porque según la forma anatómica de su garganta es propensa a roncar, pero estas soluciones no son para todo el mundo”, explica Javier Puertas, neurofisiólogo clínico y miembro de la Sociedad Española de Sueño (SES). “Y también hay gente que se pone tiritas en la nariz, pero, a largo plazo, la mayor parte de ellos lo acaba dejando”, añade. “Estas soluciones, según la forma de la mordida o de la mandíbula, pueden ser interesantes, pero son casos anecdóticos y, en cualquier caso, es importante contar con la opinión de un odontólogo o un maxilofacial antes de aplicarlas”, resume.

Carlos O’Connor Reina, presidente de la comisión de roncopatía y trastornos del sueño de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, coincide en que “no todas las personas pueden hacer eso y, si se generaliza, va a haber gente que se va a ahogar, puede tener problemas de apnea del sueño o de que aumente el anhídrido carbónico en la sangre y eso de lugar a problemas cardiacos y vasculares. El taping oral solo se puede realizar en determinados pacientes, lo demás es una locura”, apunta, y dice algo parecido sobre las tiras que Hall tiene sobre la nariz. “La evidencia dice que, en algunos pacientes que tienen colapso alar, que son unos cartílagos que tenemos en la entrada de la nariz, cuando les ponen la tirita, funciona bien, pero generalizarlo no es una indicación”, concluye.

Sobre el resto de los rituales de Hall, por ridículos que parezcan (en un momento del vídeo, se frota en la cara la piel de un plátano que se acaba de comer), aplicados con cierto sentido común, pueden tener beneficios. Se ha observado que uno de los raros grupos humanos en los que los hombres viven tanto como las mujeres es el de los monjes, cuyas vidas están completamente ritualizadas. Los psicólogos definen el rito como una secuencia de actos simbólicos repetitivos sin un propósito instrumental. Los antropólogos han observado que los humanos, en todo tipo de culturas, utilizan los ritos para reducir el estrés o afrontar grandes peligros. A principios del siglo XX, Bronislaw Malinowski vio cómo los pescadores de las islas Trobriand, en Papúa Nueva Guinea, realizaban una serie de tareas antes de lanzarse al mar, pintando sus canoas, golpeándolas con palos o entonando hechizos. Esto lo hacían cuando pescaban en el océano, pero no en los lagos interiores, menos peligrosos, lo que sugiere que eran una herramienta para proteger su cerebro frente a la incertidumbre a través de una secuencia de acciones predecibles. En tiempos modernos, son conocidos los rituales de atletas de élite como Rafa Nadal, y existen estudios que han medido los beneficios de estas prácticas en la alta competición.

Se puede decir, por tanto, que hay algo de método en la locura de Hall, pero, ni con él ni con nadie, hay que dejarse llevar por los gurús que nos prometen transformar nuestra vida de la noche a la mañana. Por motivos parecidos a los que hacen útiles a los rituales, los humanos, conscientes de la incertidumbre que rodea la existencia, tenemos un impulso a creer en iluminados que nos dicen que saben perfectamente de qué va la vida. La promesa de librarnos de la ansiedad de la existencia nos puede llevar a aceptar consejos que pueden no ser útiles para nosotros. En el vídeo de Hall, como en la vida de muchos triunfadores que viven de vender su fórmula, no se ven parejas ni hijos que lloran, pero sí mujeres que recogen una botella que se rompe, sirven el desayuno o acercan una toalla para secarse después del baño. Como sucede con los nadadores, aunque su éxito dependa de su esfuerzo, el ascenso a la élite fue posible por condiciones que ya tenían antes de tomar ninguna decisión consciente. Su estilo de vida, envidiable para muchos, solo es posible porque hay muchas personas que les compran la ilusión que venden, porque creen que siguiendo los rituales de un millonario de Miami acabarán viviendo en una mansión con servicio y sin nadie que les distraiga.