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Las deportaciones de migrantes complican las negociaciones de la coalición de gobierno en Alemania

Conservadores y socialdemócratas trabajan a gran velocidad para lograr antes de Semana Santa una coalición de gobierno en Alemania. Pero quedan cuestiones abiertas en ámbitos como el de la migración, donde, si bien ambas partes están de acuerdo en reducir “eficazmente la migración irregular” —un asunto que acaparó gran parte de la campaña electoral del pasado febrero y fue capitalizado por la ultraderecha—, la disputa está en los detalles.

Los tres partidos sentados a la mesa de negociación —la Unión Demócrata Cristiana (CDU); su partido hermano, la Unión Social Cristiana (CSU); y el Partido Socialdemócrata (SPD)— han acordado devolver a los solicitantes de asilo en las fronteras alemanas “en coordinación” con los vecinos europeos. El problema es qué significa exactamente esa “coordinación”. ¿Quiere decir que los países vecinos tienen que dar su consentimiento a esa devolución, o simplemente basta con que se les informe? Mientras los socialdemócratas exigen el consentimiento explícito, los conservadores abogan más por una simple notificación.

Para solventar este obstáculo, el líder democristiano y futuro canciller, Friedrich Merz, está llevando a cabo negociaciones directas con varios países del entorno, con la idea de que ese acuerdo consensuado elimine la oposición del SPD. El secretario general de la CDU/CSU en el Parlamento, Thorsten Frei, se ha mostrado confiado en esas negociaciones: “Alemania no puede depender de sus vecinos, pero también está claro que nunca hemos hecho una política que no tuviera en cuenta los intereses de los vecinos”, dijo en la televisión pública ZDF. Según Frei, “hay apoyo a los planes alemanes en Polonia, Austria y Francia”. Alemania registró el año pasado 213.499 solicitudes de asilo y deportó a unas 20.000 personas, según las cifras del Gobierno en funciones.

Desde el bloque conservador tienen claro que, aunque no se haya trazado una línea roja, este asunto es decisivo para el éxito del futuro Gobierno liderado por Merz, y no dudan a la hora de abogar por un endurecimiento de la política migratoria y por implementar las llamadas devoluciones en caliente. Una política que Merz puso sobre la mesa en campaña y que desató la polémica al recibir el apoyo de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD). “De todos los puntos en los que la Unión [la CDU] debe demostrar en las negociaciones de coalición que puede imponerse al SPD, la política migratoria es probablemente el más importante”, explica Jasper von Altenbockum, experto en interior del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Ante las reticencias del SPD al plan de las devoluciones en frontera —aunque los socialdemócratas sí han aceptado ya impulsar un genérico endurecimiento de la política migratoria—, el presidente del Estado federado de Sajonia-Anhalt, Reiner Haselhoff, recordó el resultado de las pasadas elecciones, donde AfD quedó en segundo puesto con un 20,8% de los votos. “Sabemos por qué tanta gente ha votado a AfD: tienen la sensación de que la afluencia de refugiados no se está gestionando de acuerdo con la ley”, declaró el político de la CDU a la red de medios alemanes RND. Asimismo, aludió al auge de la ultraderecha en el este de Alemania y señaló que está en juego la supervivencia del centro político.

En este contexto, la ministra de Interior alemana en funciones, la socialdemócrata Nancy Faeser, presentó el martes su balance de la política migratoria del último Gobierno de coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. “Pocos temas han polarizado tanto, por lo que es aún más importante presentar aquí cifras, datos y hechos, así como logros alcanzados”, subrayó.

Faeser calificó como “muy importante” que las devoluciones de migrantes se hagan en “coordinación con los países vecinos”, como se acordó en el documento de las negociaciones exploratorias para la formación de Gobierno. “No puede funcionar de otra manera, al menos no en la práctica. Por eso es importante tener este intercambio con los vecinos”, apuntó, sin querer especificar, al ser preguntada al respecto, cómo de realista es este tipo de coordinación.

Un 35% menos de migrantes

Alemania registró en el primer trimestre de este año cerca de 33.000 solicitudes de asilo, un 35% menos que en el mismo período de 2024 y un 49% menos que en 2023. En todo el año 2024 fueron 213.499 los refugiados que solicitaron asilo, frente a los 325.000 de 2023. En cuanto a las deportaciones, si en 2022 fueron deportadas 13.000 personas, en 2023 fueron más de 16.000, y en 2024 ascendieron a 20.000. El futuro Gobierno quiere incrementar sustancialmente esta última cifra.

En esa misma línea, ya están en marcha los llamados centros de Dublín (instalaciones donde esperan la expulsión los solicitantes de asilo rechazados), que acaban de entrar en funcionamiento en Hamburgo y Brandeburgo, y hace meses se aprobó excluir de las prestaciones públicas a los migrantes pendientes de ser deportados. Además, Faeser declaró que desde la introducción de controles en todas las fronteras terrestres, en septiembre de 2024, se han realizado “unos 50.000 rechazos” de personas migrantes.

“En los centros de Dublín se trata exclusivamente de los casos en los que otro país de la UE ya haya reconocido que se ha presentado una solicitud de asilo allí”, remarcó la ministra sobre unos organismos que agilizan todo el proceso para poder quitar las prestaciones sociales a los que no tengan derecho después de dos semanas. “Esto aumenta la presión sobre las familias y facilita su regreso a los países donde solicitaron asilo, porque allí recibirán las prestaciones”, aseguró. “Es una estrategia que funciona. Ya lo estamos viendo, aunque acaba de empezar”, agregó Faeser sobre una medida que defendió como “completamente legal”.