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La UE teme una avalancha de los productos asiáticos que no se vendan en Estados Unidos

La sacudida de la guerra comercial de Estados Unidos contra el mundo abierta por Donald Trump amenaza con tener efectos indirectos. Uno de ellos puede ser el desvío de productos que hasta ahora podían venderse en la primera economía mundial, pero que a partir de la entrada en vigor de los aranceles se encarecerán y, por tanto, no encontrarán demanda. Serían, sobre todo, aquellos procedentes de países asiáticos, especialmente castigados en esta ronda de la guerra comercial anunciada por el presidente de EE UU. En Bruselas son muy conscientes de esto. La propia líder de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo ha advertido en sus primeras palabras: “Vamos a analizar muy de cerca los efectos indirectos que los aranceles puedan tener, porque no podemos absorber la sobrecapacidad mundial ni aceptar el dumping”.

El temor, sin duda, está en el desvío de exportaciones de los países de Asia, que durante décadas se han convertido en la gran fábrica del mundo gracias a la globalización y las deslocalizaciones. Los aranceles aprobados por Washington golpean con dureza a China, que de la noche a la mañana se va a encontrar con una tarifa general del 54% e incluso más alta en determinados productos. También Vietnam se ha convertido en una víctima destacada. Al país del sudeste asiático le ha tocado la mala suerte —la fórmula con la que han calculado el castigo en Estados Unidos tiene bastante de aleatorio— de unos derechos aduaneros del 46%; a Camboya, del 49%; a Sri Lanka, el 44%; a Myanmar, del 44%; a Bangladés, el 37%; o a Tailandia, del 36%.

El mayor riesgo llega por China, al menos en el caso europeo. Las empresas y los exportadores del gigante asiático están ya muy imbricados en las cadenas de suministros y las vías comerciales hacia Europa. Más incierto es lo que pueda pasar con la producción de un país como Vietnam, que durante los últimos años se había convertido en una especie de vaso comunicante entre China y Estados Unidos para eludir los golpes comerciales que Washington daba a su gran rival geopolítico, lo que había impulsado el aumento del flujo comercial entre Vietnam y EE UU en los últimos años.

Deseo de protección

“Hay un riesgo muy serio de desvío hacia Europa del comercio que se dirigiría a Estados Unidos”, advierte Mujtaba Rahman, director general para Europa de Eurasia Group, una consultora geopolítica. “Europa querrá protegerse del exceso de oferta de otros terceros países que ahora pueda inundar el mercado único”, añade, yendo más allá de lo que ha ido la presidenta Von der Leyen.

“Es importante tener en cuenta el impacto indirecto. Por supuesto, algunos países tendrán que pagar aranceles más altos. Los que ya no puedan exportar a Estados Unidos, buscarán mercados alternativos. Cuando esta oferta proceda del exceso de capacidad mundial, estaremos preparados para defender nuestro mercado. No vamos a absorber el volumen que Estados Unidos ya no absorbe”, apuntan fuentes de la Comisión Europea que están atentas ante estos flujos comerciales y cómo responder ante ellos.

Esas mismas fuentes, no obstante, no señalan como mecanismo de protección aplicar un incremento arancelario unilateral por parte de la UE. Esto supondría acelerar la espiral proteccionista y una contradicción muy importante con lo que ahora predica Europa en contra del camino emprendido por Estados Unidos. Para evitar este tipo de reacción, advierte André Sapir, profesor de Economía en la Universidad Libre de Bruselas, “hay margen para debatir con estos países cómo queremos reaccionar. Ellos también son víctimas de las medidas estadounidenses. ¿Queremos hacerlo de forma cooperativa o inundando los mercados de los demás? Es una cuestión de estrategia. Respetamos los mercados abiertos y creo que es factible hacerlo. Así que, personalmente, esto es lo que me gustaría oír de la Unión Europea, que contempla sentarse con esos países”.

Distintas fuentes en Bruselas explican, siguiendo lo dicho por Von der Leyen, que van a vigilar “cuidadosamente” lo que pase en el comercio mundial y que, llegado el caso, se respondería con los mecanismos y herramientas que permite la Organización Mundial de Comercio (OMC). Está, por ejemplo, la llamada cláusula de salvaguarda que se puede activar cuando se observa una gran subida en las importaciones de un determinado producto o se demuestra un gran daño o una amenaza a un sector concreto. Hay otra herramienta en la OMC que se ha hecho famosa en los últimos meses, porque es la utilizada por la UE con los coches eléctricos chinos. Con ella se investiga si un Estado subsidia a un sector concreto abaratando el precio de las exportaciones, practicando de esta forma un tipo de dumping comercial.