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La guerra y el devastador terremoto dibujan un futuro incierto para…

Las organizaciones humanitarias piden ayuda internacional para «actuar ya» y evitar «más sufrimiento» entre la población civil

MADRID, 5 Abr. (EUROPA PRESS) –

La población de Birmania, un país que se encuentra sumido en una grave crisis humanitaria tras décadas de conflicto armado, hace frente a un futuro cada vez más incierto tras el devastador terremoto de magnitud 7,7 registrado el pasado 28 de marzo y que ha dejado más de 3.000 muertos y 5.000 heridos hasta la fecha.

A pesar del reciente anuncio de alto el fuego temporal por parte de la junta que gobierna el país desde el golpe de Estado que tuvo lugar en febrero de 2021 y de la tregua anunciada también por algunas de las facciones rebeldes que componen el complejo escenario bélico del país asiático, organizaciones de defensa de los Derechos Humanos alertan de la posibilidad de que los enfrentamientos continúen en zonas afectadas por el seísmo.

El director de la ONG Plan International en Birmania, Haider W. Yaqub, ha lamentado en declaraciones a Europa Press que la situación es «desastrosa» y ha reivindicado la importancia de los «principios humanitarios» a la hora de trabajar sobre el terreno.

Así, ha recalcado que existe una «necesidad de paz» entre la población civil, una cuestión de la que deberían «darse cuenta» las partes enfrentadas. «Espero que acaben entendiendo que hay que tomar las decisiones adecuadas para la gente, y esto requiere lograr la paz», ha apuntado.

Yaqub, que ha recordado que actualmente hay más de 3,5 millones de desplazados internos en el país, ha alertado de que cientos de miles de personas podrían verse forzadas a abandonar sus hogares. Por eso, ha sostenido, «es importante que la comunidad internacional apoye los trabajos humanitarios y que las partes implicadas den todo el acceso posible para facilitar la entrega de ayuda».

«Lograr recursos para toda esta población es sumamente complicado. La gente de los estados de Mandalay, Sagaing y Shan han sufrido graves daños. La comunidad internacional puede ayudar a que este país se vuelva más fuerte. Ya tiene todos los ingredientes para serlo, falta paz y estabilidad», ha explicado, al tiempo que ha matizado que esta paz «debe ser holística y no parcial».

Asimismo, ha recordado que la población «lleva varios días consecutivos sentada en la calle, a la espera de que pase algo» y con temor a las réplicas, que «son muy recurrentes». «Es poco seguro y no se sabe lo que va a pasar. Es un ambiente de incertidumbre», ha dicho Yaqub, que ha afirmado que los más afectados son aquellos que residen en asentamientos informales y barrios de chabolas, conocidas como ‘slums’, y que ahora no pueden volver a sus casas.

«La gente sigue con su vida, pero espera que las cosas mejoren pronto», ha sostenido, si bien existe el temor a que la desesperación aumente y parte de estas poblaciones acaben «tratando de ganarse la vida a través de actividades delictivas» debido a la pobreza y a la falta de recursos tras un desastre que ha dejado 17 millones de damnificados y 370 desparecidos.

Por otra parte, ha advertido de que los hospitales se encuentran «sobrepasados», lo que lleva a los familiares de los heridos a «trasladarlos por su cuenta fuera de la ciudad» de Mandalay. «La gente que puede permitírselo ha enviado a sus familias a otras zonas, pero quienes no tienen a nadie tienen que quedarse», ha subrayado, antes de incidir en el «compromiso de la organización con el pueblo de Birmania».

SITUACIÓN SIN PRECEDENTES

La directora de comunicación de la organización World Vision, Naw Phoebe, ha enumerado las principales necesidades de la población local, entre las que se encuentran alimentos, productos básicos, sábanas, mantas, así como material higiénico y de cocina. «Nunca he visto nada como esto», ha alertado.

«En Mandalay y las localidades cercanas las carreteras están fuertemente dañadas, los edificios se han derrumbado, y mucha gente está durmiendo en la calle, entre ellos niños. Tienen miedo y lo han perdido todo. Muchos hacen cola para obtener productos básicos», ha relatado. «El olor a muerte está en el aire, se te rompe el corazón al ver tal grado de devastación», ha expresado.

Para ella, «las palabras no están a la altura de la envergadura de la tragedia», por lo que ha instado a todas las partes implicadas en el conflicto a «dar prioridad a la protección de los civiles y los trabajadores humanitarios y facilitar su movimiento hacia zonas más seguras». También ha hecho un llamamiento para poner fin a la violencia contra las mujeres y ha señalado que es de vital importancia «cumplir las normas del Derecho Internacional y respetar los Derechos Humanos».

«Tenemos que actuar ya. A cada minuto que esperamos, niños y padres están en peligro. Tenemos que lograr recursos y financiación de forma urgente para proteger a los civiles y a los trabajadores humanitarios. Juntos podemos evitar más sufrimiento y dar a los niños una oportunidad para tener un futuro más brillante y seguro», ha manifestado.

Phoebe ha indicado, a su vez, que aunque la «resiliencia de las comunidades es significativa, la necesidad de asistencia es urgente para poder reconstruir sus vidas», por lo que hay que «garantizar el acceso a la ayuda humanitaria y restaurar los servicios esenciales».

SUPERVIVENCIA INMEDIATA

Desde Médicos sin Fronteras (MSF) han destacado la «gran solidaridad» de muchos de los habitantes, pero han recordado que existe una clara «escasez» de agua, tanto en «calidad como en cantidad», lo que está generando «problemas en términos de supervivencia inmediata», según ha informado Mikhael De Souza, coordinador de la organización en Rangún.

«La falta de agua está creando un problema en términos de supervivencia inmediata, pero también podría crear un problema en términos de epidemias en el futuro que definitivamente queremos evitar», ha declarado De Souza, que ha apuntado a que otro de los problemas más significativos desde el terremoto es el «corte de las redes telefónicas», lo que hace «extremadamente difícil contactar con otras regiones del país».

«El agua, la electricidad y las redes telefónicas constituyen carencias sustanciales y son un problema para la supervivencia de la mayoría de las personas damnificadas por el terremoto», ha zanjado.

Mientras, la representante adjunta de UNICEF, Julia Rees, ha asegurado que las necesidades de los niños y niñas de Birmania «aumentan cada hora» ante el «terremoto más mortífero que ha sacudido Birmania en muchas décadas». «Comunidades enteras han sido arrasadas. (…) La destrucción es inmensa», ha expuesto.

«La crisis sigue. Los temblores continúan. Las operaciones de búsqueda y rescate continúan. Se siguen sacando cadáveres de entre los escombros y los niños siguen esperando ansiosos para reunirse con sus padres desaparecidos», ha sostenido, al tiempo que ha confirmado que el «trauma psicológico es inmenso» para una infancia que «ya vivía sumida en el conflicto y el desplazamiento».

Las organizaciones han vuelto a poner el foco en el hecho de que incluso antes del seísmo, más de 6,5 millones de niños necesitaban ayuda humanitaria en un país en el que uno de cada tres desplazados es un menor de edad. El terremoto registrado hace una semana añade otro nivel de complejidad a la cruda crisis que venía atravesando Birmania, donde miles de familias en situación vulnerable se encuentran ya al límite.