Acudieron a salvar vidas y perdieron la suya. Una misma fosa común ocultaba en el sur de Gaza los cadáveres acribillados —algunos maniatados y con signos de disparos de cerca— de 15 empleados palestinos de los servicios de emergencia junto a los amasijos de sus vehículos bombardeados. La sirena de una de las ambulancias destrozadas marcaba el túmulo del enterramiento colectivo. Esa es la escena con la que se toparon el pasado domingo sus compañeros cuando lograron acceder al lugar y recuperar los cuerpos una semana después del ataque de las tropas de ocupación de Israel en el que murieron, según los testimonios de los integrantes de esa misión. Ha sido la peor matanza llevada a cabo contra personal sanitario a lo largo de año y medio de guerra en Gaza.
Lo atestiguan las imágenes del lugar, los relatos de los presentes y los comunicados junto a los nombres y las fotos publicados por las instituciones a las que pertenecían todos ellos: la Media Luna Roja Palestina, la Defensa Civil y Naciones Unidas. Aseguran que tanto el personal como los vehículos del convoy atacado iban señalizados y que acudía a una misión de emergencia en el barrio de Tel al Sultan, en la localidad de Rafah, junto a la frontera con Egipto bajo control del ejército del Estado judío. “Fueron asesinados por las fuerzas israelíes mientras intentaban salvar vidas. Exigimos respuestas y justicia”, ha acusado Tom Fletcher, jefe de asuntos humanitarios de la ONU en la red social X. La Media Luna Roja habla de “crimen de guerra”.
“Habíamos trabajado juntos… los paramédicos Mustafa Khafaja, Ezz El-Din Shaat, Saleh Muammar y yo”, lamenta Ibrahim Abu al Kass, de 45 años, dos días después de haber tenido que extraer sus cadáveres y los del resto de compañeros escarbando con sus propias manos. Siguiendo un protocolo de recuperación de cuerpos, primero emplearon herramientas precarias —apenas unas palas— para, “una vez aparecieron los primeros signos del terrible ataque”, continuar las tareas de forma manual “para preservar los cuerpos y no dañarlos”, detalla a EL PAÍS a través de mensajes de teléfono este empleado del departamento de emergencias de la Media Luna Roja de la Franja desde 2008. También se ayudaron de una excavadora para grandes movimientos de tierra y levantar los restos del camión, las ambulancias y el todoterreno, que “eran un montón de hierros ocultos en la arena”. “Los cuerpos quedaron completamente destrozados, con heridas por todas partes” y “fueron atacados brutalmente desde una distancia muy corta” tras ser atados de manos y pies algunos de ellos, agrega Abu al Kass.
Además de este testimonio, este periódico dispone del documento en el que, por parte de la Media Luna Roja (equivalente en países musulmanes a la Cruz Roja), se fueron recogiendo cada día los detalles de los intentos ante las autoridades israelíes para llevar a cabo la misión en el lugar de los hechos. En él consta que eran la oficina de asuntos humanitarios de la ONU (OCHA, según sus siglas en inglés) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) las instituciones que iban coordinando la solicitud del permiso a las autoridades israelíes.
El documento concluye con la lista de los ocho trabajadores de la Media Luna Roja muertos, lo que la convierte en la organización con más víctimas del ataque, seguida de seis del cuerpo de Defensa Civil (equivalente a Protección Civil) y un empleado de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA, según sus siglas en inglés). Aparte de estos 15 muertos, también ha desaparecido un miembro de la Media Luna Roja, cuyos responsables creen que podría hallarse en manos israelíes.
Alguna de las víctimas, estando todavía herida, consiguió alertar del ataque y de la muerte de sus dos compañeros de vehículo, han señalado la Media Luna Roja y la OCHA. “Algunos de los cuerpos estaban maniatados y tenían balazos en el pecho y la cabeza y uno de ellos resultó decapitado” mientras otros estaban “cortados en pedazos”, detalla un comunicado de la Defensa Civil, que eleva a 110 el número de sus empleados muertos en la contienda y asegura, además, que las autoridades israelíes tenían información detallada de cada vehículo.
Todo apunta, según los datos disponibles, a que, además de un primer bombardeo desde el aire, los militares israelíes llegaron hasta el lugar posteriormente a rematar el ataque. Eso explicaría, además de los daños en los vehículos (cinco ambulancias, un camión de bomberos y un todoterreno de la ONU), las heridas producidas por disparos a corta distancia denunciados, que algunos de los cuerpos estuvieran atados de manos y pies y que se ocultara todo en la fosa común resultante. Para el alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, el ataque, que achaca a Israel, “plantea importantes interrogantes respecto a la conducta del ejército israelí durante y después del incidente”.
En medio de las serias sospechas por la integridad del grupo de 16, desde el mismo día 23 de marzo se comienza a gestionar el acceso a la zona con las autoridades israelíes, explica por teléfono desde Gaza la portavoz de OCHA, Olga Cherevko. La realidad es que esa institución de la ONU informó justo esos días, entre el 18 y el 24 de marzo, de que el 82% de los permisos para movimientos humanitarios en Gaza eran denegados por los responsables del Estado judío. “Lo intentamos una y otra vez”, añade Cherevko.
Jonathan Whittall, jefe de OCHA en Gaza, relata en su cuenta de X lo que vieron una de las veces que intentaban llegar al lugar sin conseguirlo: “Nos encontramos con cientos de civiles que huían bajo los disparos. Vimos a una mujer con un disparo en la nuca. Cuando un joven intentó rescatarla, también recibió un disparo. Logramos recuperar su cuerpo con nuestro vehículo de la ONU”.
Hasta el jueves 27 no lograron acceder al sitio y, “tras horas de excavar”, recuperaron un primer cadáver. Fue el de un integrante de la Defensa Civil, sacado de los amasijos del camión de bomberos en medio de un panorama que Whittall describe como “devastador” en un relato que acompaña de vídeos y fotografías que fue tomando. Empujados por la caída de la noche, esa jornada tuvieron que abandonar la zona sin más cuerpos.
Tras nuevas negativas de acceso, fue el domingo día 30 cuando finalmente removieron toda la tierra y dieron con 14 más. “Los mataron yendo uniformados”, algunos incluso “llevaban los guantes” en un momento en que “se dirigían a salvar vidas” en “vehículos claramente identificados”, lamenta el responsable de la OCHA, uno de los que llegó al lugar del ataque.
Incesantes disparos
Ibrahim Abu al Kass, el sanitario entrevistado, se refiere a las dificultades a las que hicieron frente, como las largas esperas hasta recibir permiso del lado israelí para poder avanzar, el escaso tiempo disponible para trabajar sobre el terreno y la falta de información sobre dónde rastrear, la falta de equipo para llevar a cabo las tareas en una zona, además, de mucho peligro. “Los disparos no cesaron durante las operaciones de búsqueda”, comenta este miembro de la Media Luna Roja, que ha perdido bajo las bombas su casa en la Ciudad de Gaza. Ahora reside cerca de Deir el Balah (centro de la Franja) y es uno de los cientos de miles de habitantes de la Franja desplazados a la fuerza varias veces empujado por el ejército israelí durante la contienda.
Olga Cherevko confirma las identidades de los cuerpos localizados, que tanto la Media Luna Roja como Defensa Civil han hecho públicas con sus nombres completos, cargos y fotografías. La versión ofrecida por el ejército de Israel nada tiene que ver. Esta es parte de la respuesta enviada a EL PAÍS por los portavoces castrenses: “El domingo 23 de marzo de 2025 se identificaron varios vehículos que avanzaban de manera sospechosa hacia las tropas del ejército de Israel sin luces ni señales de emergencia, y sin que su movimiento fuera coordinado de antemano. Así que las tropas israelíes abrieron fuego contra los vehículos sospechosos”.
“Tras una evaluación inicial, se comprobó que las fuerzas habían eliminado a un activista militar de Hamás, Mohammad Amin Ibrahim Shubaki, junto con otros ocho terroristas de Hamás y de la Yihad Islámica”, añade el texto. Entonces, agregan, abrieron un proceso para coordinar la recuperación de los cadáveres con organizaciones internacionales en lo que denominan “una zona activa de combate”. En una publicación de la red social X, señalan al respecto –como hace el ejército habitualmente– que los “terroristas” suelen emplear “instalaciones y equipos médicos para sus actividades”. Imágenes de satélite publicadas por la cadena Al Jazeera sitúan varias posiciones de las tropas de ocupación alrededor de los vehículos bombardeados.
En Rafah, se ha vuelto a desplegar el ejército israelí —que también bombardea desde el aire— tras la ruptura del alto el fuego ordenado por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu el pasado 18 de marzo tras casi dos meses de tregua. Los muertos desde ese día en Gaza –donde Israel prohíbe el acceso a los periodistas de manera independiente– superan el millar. Y son más de 50.000 las víctimas mortales, la mayoría mujeres y niños, a lo largo de la guerra, que comenzó con la matanza orquestada por Hamás de unas 1.200 personas en territorio israelí el 7 de octubre de 2023. En todo este tiempo, el Estado judío ha impedido el acceso independiente de los reporteros a la Franja.
“El asesinato selectivo de agentes de rescate, protegidos por el derecho internacional humanitario, constituye una flagrante violación de la Convención de Ginebra y un crimen de guerra”, ha dicho Basem Naim, alto cargo de Hamás. El hospital Nasser de Jan Yunis recibió en la noche del domingo los cuerpos en medio de escenas de dolor e indignación de cientos de personas congregadas en las instalaciones. El funeral se celebró el lunes. “Un gran golpe para la gran familia” de la Media Luna Roja Palestina, lamenta Ibrahim Abu al Kass.