De todas las recreaciones que se han hecho del mito artúrico, la más interesante es, sin duda, la que escribió Terence Hanbury White (1906-1964). En ella combina distintos tiempos históricos, proyectándola del medievo al futuro con ayuda de la figura del mago Merlín, convirtiendo así Le morte d’Arthur, la legendaria obra de sir Thomas Malory, en una de las mejores sagas de fantasía que se han escrito nunca. En castellano lleva por título El rey que fue y será (Ático de los libros) y hoy la traemos hasta aquí debido a las incursiones científicas que chispean a lo largo de sus páginas y que tienen como hilo conductor al mago Merlín, preceptor del rey Arturo.
Sorprenden los comentarios médicos que Merlín hace a un ojo morado señalando su “equimosis” (del latín científico ecchymosis), término utilizado en dermatología; una lesión caracterizada por su color debido al sangrado dentro de la piel. Pero donde se aprecia el saber científico de Merlín es en el pasaje donde le toca instruir al joven rey Arturo acerca del lenguaje de las aves. Lo hace en una conversación en la que el mago habla de su amigo Carlos Linneo (1707-1778) el naturalista botánico creador de la taxonomía o clasificación de los seres vivos. Aunque Linneo es muy posterior a la leyenda artúrica, el juego de tiempos que se toma T.H. White como licencia literaria permite estas cosas. La referencia al párroco Gilbert White (1720-1793) es otro ejemplo de la magistral combinación de tiempos históricos.
“Gilbert White —apuntó Merlín— escribe, o escribirá, mejor dicho, que “el lenguaje de las aves es muy antiguo, y en él, como en otros viejos modos de expresarse, es poco lo que se dice, pero mucho lo que se da a entender”.
La obra más conocida de Gilbert White es una recopilación de cartas titulada La historia natural de Selborne (1789), publicada en castellano por Libros del Jata. Son una serie de cartas destinadas al zoólogo Thomas Pennant, y al abogado Daines Barrington miembro de la Royal Society. En ellas, Gilbert White habla de sus descubrimientos y de sus observaciones como base de toda clasificación de especies. De la misma manera que la saga artúrica de T.H White es la mejor novela de fantasía que se ha escrito nunca, el libro de Gilbert White es uno de los mejores libros de historia natural de todos los tiempos.
Se trata de un libro fundacional de las ciencias naturales en su dimensión ornitológica; sus descripciones acerca de la morfología y la conducta de las distintas clases de aves son esenciales para acercarnos a su estudio, y eso mismo es lo que Merlín traslada al joven Arturo, siguiendo sus enseñanzas, citando a Aristóteles y su Poética donde se atribuye a la tragedia un origen imitativo.
Porque las aves imitan con mucha precisión los sonidos que escuchan mediante la siringe, órgano vocal localizado en la base de la tráquea. Con todo, el canto de las aves, además de su elemento biológico hereditario tiene un elemento imitativo, no solo de sus congéneres, sino también de sus presas. De esta manera, dice Merlín, el cernícalo se abate sobre un ratón, y este emite su grito de terror; un chillido que el cernícalo va a imitar cada vez que vea un ratón.
Al cabo de millones de años, el lenguaje se ha extendido y todos los cernícalos emiten la misma exclamación cada vez que divisan un roedor, así lo explica Merlín en esta obra de fantasía donde T. H. White hace sitio a la realidad entera para despertar nuestra imaginación con ayuda de la ciencia. Muy recomendable.
El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.