El dólar no ha escapado a la fuerte volatilidad que viven los mercados financieros este año, sobre todo tras la toma de posesión del nuevo presidente de EE UU, Donald Trump, el pasado mes de enero. Ese mismo mes el euro llegó a bajar hasta 1,02 dólares en días que se hablaba de la paridad entre ambas divisas, pero la moneda comunitaria logró remontar con fuerza a mediados del pasado marzo hasta los 1,094 dólares. La puntilla llegó con el anuncio esta semana de la política arancelarai de EE UU: la divisa cotiza a 1,10 dólares por euro y desde enero se deprecia un 6,25% frente a su rival.
Detrás de estas fuertes oscilaciones están la política de aranceles anunciada por Trump, las expectativas de una desaceleración en el crecimiento de EE UU y también el anuncio por parte de Alemania y demás países europeos de un gasto público excepcional para el rearme de Europa que se ha plasmado en una subida de la rentabilidad del bono alemán a 10 años hasta el 2,73%, frente al 2,35% con el que comenzaba el año.
Mayores aranceles suponen más inflación en EE UU y, por tanto, tipos de interés más altos. En ese contexto, Europa tendrá que ser más atractiva para los inversores mundiales si quiere financiar el coste del rearme también con tasas más elevadas. Las divisas desempeñan aquí un papel importante y como ocurre en este complicado ejercicio no faltan las contradicciones. “Debemos estar preparados para una política de dólar débil. Si no hay recesión, la imposición de barreras comerciales debería llevar a EE UU a sufrir una inflación algo más alta y a tipos más elevados, fortaleciendo el dólar. Ese no ha sido el caso hasta ahora porque el mercado está descontando una abrupta desaceleración del crecimiento. Si el dólar volviese a fortalecerse, seguramente veamos a Trump lanzar mensajes para intentar debilitar su divisa”, explica Ignacio Dolz de Espejo, director de Soluciones de Inversión de Mutuactivos.
Aiman Shanks, de Schroders, apunta en la misma dirección: “En teoría, los aranceles y una economía más fuerte deberían beneficiar al billete verde, pero la incertidumbre sobre el caótico y rápido ritmo de las órdenes ejecutivas desde finales de enero, junto con el impacto que esto está teniendo en la economía estadounidense, ha mermado claramente el entusiasmo de los inversores por los activos en dólares. Esta divisa aún podría tener un buen comportamiento si se produce una huida hacia los activos defensivos y si la persistente inflación impide a la Reserva Federal relajar significativamente su política monetaria”, explica. Una muestra de esta temporal desconfianza hacia el dólar se aprecia en la mayor subida este año de las Bolsas europeas frente a Wall Street.
Pero la cuestión de fondo que plantean numerosos analistas es si Trump desea que el dólar deje de ser la moneda de reserva mundial. Un temor que, como apunta Benjamin Dubois, responsable de Gestión de Cobertura en Edmond de Rothschild AM, tiene como primera consecuencia “la subida vertiginosa del precio del oro, que se ha convertido en el principal activo de reserva a falta de una moneda que pueda ofrecer una verdadera alternativa al dólar. La onza de oro ha ganado más de un 60% hasta superar los 3.000 dólares por onza”, explica.
Una cuestión muy relevante como indica el matemático y analista Juan Ignacio Crespo: “Medio mundo está estupefacto mirando y la otra mitad horrorizado por lo que le vaya a suceder al dólar como moneda universalmente aceptada y clave de bóveda del sistema financiero global”. Alrededor del 70% de las transacciones internacionales se hace en dólares y su preeminencia le ha permitido a EE UU financiarse fácilmente y a tipos más bajos que los que tendría que pagar si no tuviera su condición de reserva mundial.
“La reciente caída del dólar podría ser el inicio de una tendencia subyacente más profunda, y el segundo mandato de Trump podría hacer que el dólar pierda el estatus dominante del que ha disfrutado durante la última década”, explica Benjamin Dubois. Y añade: “Esta reestructuración, teorizada por Stephen Miran, principal asesor económico de Donald Trump, se basa en la convicción de que el dólar debe depreciarse para permitir la reindustrialización de EE UU. Los aranceles son un elemento central de su estrategia, que incita a otros países a llegar a un acuerdo sobre las divisas. Es lo que se conoce como el acuerdo Mar-a-Lago, similar a los anteriores acuerdos sobre divisas denominados según el lugar donde se firmaron como Bretton Woods (1944), Plaza (1985) y Louvre (1987)”, concluye.
Consecuencias
El reinado del dólar se ha consolidado al percibirse internacionalmente como la moneda con menos riesgo. El euro no ha logrado en sus 25 años de implantación ocupar ese puesto y más recientemente no han cuajado las intenciones de los emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de crear una moneda competidora. Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM, intenta visualizar un nuevo mundo en el que dólar ha sido destronado como moneda de reserva y sus apreciaciones son inquietantes ya que cree que un marco monetario alejado del dólar plantearía muchas cuestiones, entre las que destaca la de la liquidez y un ajuste largo y doloroso para el crecimiento y el empleo.
“La pérdida de confianza en el dólar derivada de la política de la Casa Blanca, que no se traducirá espontáneamente en un nuevo marco. Los procesos son largos y caóticos, con el riesgo de ir asociados a conflictos, ya que la falta de ajuste dentro de cada zona provocaría tensiones que podrían llegar a ser insoportables. El giro estadounidense, su dimensión autocrática y su aislacionismo no tranquilizan a los inversores sobre los activos estadounidenses y el dólar. Pero el cambio inevitable traerá el caos”, explica Waechter.
Previsiones frente al euro
El famoso “Día de la liberación” llegó y con él el mundo entró en una guerra comercial global. El pasado miércoles, el presidente de EE UU, Donald Trump, anunció un arancel universal del 10% y castigos mayores a sus grandes socios económicos. En el caso de la Unión Europea, la tasa será del 20%, una barrera que se eleva al 34% para China. Estas medidas sin precedentes, respaldadas por falsos agravios comerciales, tienen un impacto directo sobre múltiples variables económicas y un de los efectos más claros es sobre el mercado de divisas. Todas las previsiones sobre la evolución del tipo de cambio entre el euro y el dólar han quedado en papel mojado. Lo que parece claro es que la moneda europea seguirá fortaleciéndose frente al billete verde. Pero, ¿hasta dónde? De momento, el jueves, un día después del anuncio de las medidas, el euro vivió su mejor jornada frente a su rival desde 2015. A pesar de la apreciación acumulada hasta ahora, los expertos de Citi ven margen para una mayor apreciación y sitúan su objetivo a medio plazo en un tipo de cambio de 1,15 dólares por cada euro. Se espera un menor crecimiento de la economía estadounidense que fuerce a la Reserva Federal a ser más agresiva en la bajada de tipos de interés.