Adrián Arias |
Valladolid (EFE).- Las redes sociales nos hacen esclavos de nuestras palabras que, por mucho que pase el tiempo, pueden volver al presente para truncar carreras en una sociedad que no pasa por alto estos deslices, hasta el punto que «la cultura de la cancelación se ha convertido en la Inquisición 2.0», según el filósofo Eduardo Gutiérrez (Medina de Rioseco, 1992).
Pocos conceptos suponen un mayor cajón de sastre que el de ‘Cultura’, de ahí que perimetrarlo y acotarlo fue la ardua tarea que se propuso el filósofo vallisoletano en su última obra ‘Contra la cultura’ (Editorial Páramo), una crítica filosófica a la trivialización de este término, sobre el que charla en una entrevista con EFE.
¿Qué es la cultura?
«La impresión que tengo es que quiénes hablan de la cultura no saben muy bien de lo que están hablando», expresa el filósofo, que lamenta cómo «siempre hay alguien hablando de cultura, 24/7, en cualquiera de sus formas sin tener ni idea de a lo que se refiere», pero… ¿qué es la cultura?
Para este profesor de Ciencias Sociales en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid, conceptos tan presentes en los medios y en las redes sociales como el de ‘cultura de la cancelación’ reafirman su tesis sobre lo que es la cultura: «Es el más claro ejemplo de que la cultura es un asunto político y nada más que político».
Así, para el filósofo, la cultura de la cancelación es «un proyecto de ciertas instituciones con arreglo a las ideologías ‘buenistas’, ‘biempensantes’ o políticamente correctas».
«Es una forma de censura, es el ejercicio de un poder para la circunscripción de las instituciones culturales en base a una determinada ideología, concretamente, la ideología ‘Woke’, tan de moda en las democracias liberales», argumenta Gutiérrez, que reconoce que es «paradójico» que en una sociedad democrática y tolerante, la expresión de ciertas opiniones «lleve aparejada la censura de las obras culturales».
Los tuits de Karla Sofía Gascón
Y, como ejemplo, recuerda el reciente caso de la actriz española Karla Sofía Gascón y sus tuits islamófobos. «¿Quién la va a contratar ahora en Hollywood?», se pregunta mientras resume: «La cultura de la cancelación es el triunfo del subjetivismo más chabacano, de un narcisismo en virtud del cual queremos que cuanto consumimos se ajuste a nuestras coordenadas ideológicas».
Y añade: «Al final, quien queda retratado cuando alguien censura ‘Emilia Pérez’ por las opiniones de Gascón no es Gascón ni el director, sino el propio censor que exige que su microcosmos se atenga a ciertas preferencias subjetivas».
«La idea del pensamiento libre es falsa, un mito oscuro y confuso»
Por todo ello, Gutiérrez reniega de la idea de la cultura como algo espontáneo y al margen de los poderes fácticos de un Estado: «La idea del pensamiento libre es falsa, un mito oscuro y confuso que sirve para justificar el prestigio de personajes supuestamente autodidactas, pero que en realidad piensan desde y para ciertos complejos institucionales».
¿Es cultura la tauromaquia?
En su reexposición del materialismo filosófico del pensador Gustavo Bueno, Gutiérrez trenza en esta obra, a la que ha dedicado cinco años de estudio, una crítica prolija a las tesis sobre la decadencia de la cultura occidental, aunque, al margen de la obra, no rehuye de otras cuestiones que suscitan polémica, como si la tauromaquía es o no cultura y más a propósito de la reciente aprobación en México de las corridas sin muerte ni sangrado del animal.
«Desde la concepción de cultura que manejo en el libro, ajena a toda opinión subjetiva, la tauromaquia es cultura porque está circunscrita políticamente», expresa Gutiérrez, que recuerda cómo las críticas a la tauromaquia se basan en que no es cultura por la tortura que implica al animal.
Aunque para él, ese criterio ético «no es viable para determinar si una institución es cultura o no», apostilla. EFE