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Así altera el embarazo el organismo de la mujer: la cuarentena no es suficiente para devolver los parámetros fisiológicos a la normalidad

El embarazo es una sacudida en el cuerpo de la mujer. Para favorecer el crecimiento del feto, empiezan a producirse cambios fisiológicos en el organismo de la madre a nivel cardiovascular, respiratorio, renal, gastrointestinal, esquelético, metabólico, endocrino e inmunitario. Aumenta el gasto cardíaco, la tasa de filtración de los riñones se eleva y crece la producción de orina, el sistema inmune se modula para prevenir el rechazo del feto e incluso la coagulación presenta cambios notables. Todas estas alteraciones están sobradamente descritas en la literatura científica, pero el conocimiento preciso de cómo, cuándo, de qué manera y durante cuánto tiempo se producen todos estos cambios, es todavía limitado.

Una nueva investigación, publicada este miércoles en la revista Science Advances, intenta atajar parte de esta brecha de conocimiento y, a partir de una muestra de más de 300.000 embarazadas, describe, con un nivel de detalle sin precedentes, semana a semana, los cambios fisiológicos en la salud durante la gestación y el postparto. Los autores, que han analizado la dinámica de 76 pruebas de laboratorio de cada gestante —en total, 44 millones de mediciones—, destacan, además, que, tras el parto, más del 40% de los parámetros estudiados tardan hasta un año en volver al estado basal. Y algunos puede que nunca vuelvan a niveles anteriores a la concepción.

“La salud femenina está poco estudiada. El embarazo supone una gran carga para el cuerpo, y nos preguntábamos cómo se adapta la fisiología a esta carga”, justifica Uri Alon, investigador en el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) y autor del estudio. Para responder a esa pregunta, los científicos analizaron, en más de 300.000 gestantes israelíes, los datos de varias decenas de pruebas de laboratorio rutinarias (hemogramas, test de coagulación, pruebas de función renal y hepática, marcadores de inflamación y hormonas…) durante 140 semanas. Esto es, miraron la evolución de estos parámetros desde unas 22 semanas antes de la concepción, durante el embarazo y hasta 80 semanas después del parto.

Ese ingente volumen de datos confirmó que, tal y como esperaban, “la fisiología de la madre cambia en todos los sistemas posibles”, apunta Alon en una respuesta por correo electrónico: “Más lípidos en sangre, el volumen sanguíneo aumenta un 50%, la tasa de filtración renal crece…”. Pero también surgieron sorpresas, especialmente en los resultados de los parámetros fisiológicos tras el parto. “Después del parto, se tarda un año en que muchos test vuelvan a sus valores iniciales. Anteriormente, se creía que la madre se recuperaba después de seis semanas”, apunta el investigador.

La tradicional cuarentena no siempre es suficiente para devolver todos los patrones fisiológicos alterados a la normalidad. Los hallazgos de Alon y su equipo muestran que, si bien casi la mitad de los parámetros estudiados (como la coagulación, por ejemplo) vuelven a sus niveles basales dentro del primer mes de posparto, hay un 41% de las pruebas que tardan más de 10 semanas en estabilizarse. Por ejemplo, según estas estadísticas, la función hepática necesita unos seis meses para recuperarse y factores metabólicos, como el colesterol o la fosfatasa alcalina, se estabilizan solo después de un año.

Además, hay varias pruebas que pueden no volver a los niveles iniciales previos a la concepción, apunta los autores. Por ejemplo, los niveles de inflamación o el hierro. “Los marcadores de inflamación y las pruebas de anemia, la hemoglobina y el hierro, se mantienen altos incluso después de las 80 semanas. El año posterior al parto es un período sensible para la fisiología materna, un momento crucial para la salud femenina”, valora Alon.

En un comentario adjunto al artículo, Michelle Oyen, investigadora de la Universidad Estatal Wayne (Michigan, Estados Unidos), destaca que estos hallazgos “ponen de relieve las consecuencias fisiológicas del embarazo”. La científica considera que la gestación humana es “un área de investigación sin explotar”, en parte, dice, por la complejidad ética y práctica de estudiarla. “El embarazo es sorprendentemente poco comprendido. Se carece de una comprensión básica de sus mecanismos, lo que dificulta el diagnóstico y el tratamiento de problemas”, abunda. Y considera que las estadísticas recopiladas por el estudio israelí “brindan la oportunidad de analizar un experimento natural no intervencionista”.

Hábitos antes de concebir

Otro punto de la investigación israelí es la confirmación de la influencia de los hábitos de salud antes de la concepción. Por ejemplo, con la suplementación del ácido fólico, que puede ejercer un impacto fisiológico sobre otros valores de las pruebas, como efectos anticoagulantes y disminución de lípidos, exponen los autores en el artículo. Con todo, abundan los científicos, “algunos de los cambios observados en la preconcepción no se atribuyen fácilmente a los efectos conocidos de los suplementos”. Por ejemplo, las modificaciones en el recuento de células inmunitarias o en el ph urinario. Los investigadores hipotetizan con que puede que estas pruebas “se vean afectadas por mecanismos aún desconocidos debido a los suplementos o por otros hábitos de salud previos a la concepción, como la reducción de las tasas de tabaquismo y consumo de alcohol, y una mejor alimentación”.

Los autores admiten limitaciones en su investigación, como que incluye embarazos en un solo país o que el estudio es transversal, en un período de tiempo determinado, por lo que podría enmascarar las tendencias cambiantes de los individuos. Por todo ello, asumen que es “complicado extraer conclusiones fiables sobre la salud de un individuo utilizando valores de referencia de toda la población”. Pero animan a profundizar en los hallazgos con estudios longitudinales, que miran a los pacientes en diferentes períodos de tiempo y podrían evaluar subtipos de trayectorias de embarazo. Alon, por su parte, ya se plantea emplear un enfoque similar al de esta investigación para estudiar también la menopausia.

Toni Payà, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital del Mar de Barcelona, coincide también en destacar las limitaciones que plantea el estudio y adelanta que, “se pueden sacar muchas conclusiones, pero con muchas pinzas”: “No están viendo cada mujer en particular, son estadísticas y la relación de causalidad hay que cogerla con pinzas. Las conclusiones pueden no ser representativas de la población general porque la heterogeneidad de las participantes es brutal y eso hace perder fuerza a los datos”, avisa.

Sin embargo, el médico, que no ha participado en esta investigación, sí incide en que eso no implica que el estudio no tenga su importancia: “Nos muestra que el cuerpo se adapta rápidamente a las modificaciones fisiológicas para desarrollar el embarazo, pero se desadapta lentamente y eso que pensábamos que en la cuarentena todo se arregla, pues no, hay parámetros que pueden tardar más, hasta un año. Anatómicamente, todo vuelve a la normalidad en esas primeras semanas [tras el parto], pero al analizar parámetros bioquímicos, encuentran que hay cosas que siguen alteradas y que se normalice todo cuesta más”.