El alto el fuego en el mar Negro estuvo a punto de irse al garete tras tres días de negociaciones en Arabia Saudí. Hasta el tiempo de descuento no estaba claro si el pacto entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos podría suscribirse. Fue un último esfuerzo negociador de la Casa Blanca que permitió este martes el visto bueno ruso a un próximo cese de las hostilidades marítimas. Washington puso la directa sin tener en cuenta las objeciones ucranias, al comprometerse ante el Kremlin a “facilitar la recuperación” de las exportaciones agrícolas rusas en el mercado internacional, severamente limitadas por las tarifas y las sanciones de los aliados occidentales de Ucrania.
El final del culebrón en Riad fue de infarto. Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, afirmó en la tarde del martes que no podría materializarse un alto el fuego en el mar Negro porque Ucrania no se comprometía a “garantizar” los intereses rusos. Lavrov no especificó a qué “garantías” se refería. Sí dio algunas pistas al recordar que, según la versión del Kremlin, Kiev incumplió las cláusulas propuestas por Turquía en el acuerdo del grano de 2022. Este pacto se mantuvo en vigor durante un año, entre 2022 y 2023. Fue posible gracias a la mediación del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.
Se establecieron en 2022 corredores marítimos por los que navegaban los mercantes que exportaban cereales y otros productos agrícolas ucranios. Equipos rusos inspeccionaban la carga de los buques para cerciorarse de que el contenido transportado era el especificado en el tratado. El acuerdo sellado ahora con Washington no lo especifica, pero el Kremlin ha insistido en recuperar estas inspecciones.
Putin no renovó aquel acuerdo alegando que Europa y EE UU no correspondían el trato con una relajación de las sanciones sobre las exportaciones agrícolas rusas y que Ucrania no había cesado sus ataques contra la flota rusa en la península de Crimea. Rusia, por su parte, también bombardeó durante el periodo del acuerdo los puertos civiles ucranios.
Lavrov no mentía. Volodímir Zelenski reconoció este martes en una rueda de prensa cuál era el principal obstáculo: su Gobierno era contrario a que se levantaran las restricciones comerciales a las exportaciones marítimas agrícolas y de fertilizantes rusos. Estos productos están limitados por aranceles y sanciones impuestas desde Occidente tras la invasión de Ucrania. Estas sanciones, según dijo el presidente ucranio, deben mantenerse en pie porque sirven como herramienta de presión para una futura negociación de la paz.
Condiciones rusas
La cadena Fox informó de que Mike Waltz, consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, llamó en el último suspiro del martes a Moscú para poder emitir el comunicado en el que se confirmaba que Rusia aceptaba el trato. “EE UU ayudará a Rusia a recuperar el acceso de sus exportaciones agrícolas y de fertilizantes al mercado internacional, reducir los costes de los seguros marítimos, y permitir el acceso a puertos y sistemas de pago de estas operaciones”, afirma el documento suscrito con Washington.
El Kremlin ha concretado todavía más lo necesario para “empezar a implementar el acuerdo”: la primera medida es levantar las sanciones a las principales entidades bancarias rusas especializadas en las transacciones agrícolas internacionales, afirma el Kremlin. El Black Sea Institute, un centro ucranio de estudios del tráfico mercante y del derecho internacional en el mar Negro, publicó este marzo un informe en el que ya preveía que una tregua llevara a mejorar las condiciones exportadoras de Rusia, y que el posible paso siguiente “es que se levanten las sanciones contra las empresas rusas que exportan crudo”. Está por ver qué decidirá la Unión Europea, que tiene un papel decisivo en el régimen sancionador sobre la economía del invasor.
El mar Negro es de una importancia económica fundamental tanto para Rusia como para Ucrania. Desde allí salen sus exportaciones marítimas hacia Asia y el Mediterráneo. Pero para Ucrania es todavía más una cuestión de supervivencia, porque los puertos de la provincia de Odesa son su única salida marítima al mercado internacional. Su capacidad marítima se ha visto severamente limitada con la ocupación rusa de sus puertos en el mar de Azov.
Pero Ucrania ha hecho de la necesidad, virtud, sobre todo a partir de 2023, cuando se rompe el acuerdo del grano. Lo conseguido fue una de las grandes victorias estratégicas de Ucrania en la guerra: los servicios especiales de las fuerzas ucranias causaron estragos con sus drones marítimos y aéreos contra la flota rusa, forzando la retirada de sus navíos hacia aguas orientales del mar Negro. Eso permitió a Ucrania reiniciar el tráfico marítimo siguiendo la línea de la costa, primero la de la provincia de Odesa y luego accediendo a aguas soberanas de países de la OTAN, Rumania, Bulgaria y finalmente, Turquía.
Rusia ha limitado drásticamente el espacio en el mar Negro por el que navegan sus buques. Hay pocos barcos que se expongan en mar abierto y es en operaciones rápidas, sobre todo para disparar los misiles de crucero Kalibr que golpean objetivos en suelo ucranio a cientos de kilómetros. El comunicado rubricado por EE UU con Rusia no especifica si el uso de los Kalibr rompería el alto el fuego. El documento solo indica que “EE UU y Rusia han acordado asegurar una navegación segura, eliminar el uso de la fuerza y prevenir el uso de mercantes comerciales para uso militar”. Lo mismo establece el acuerdo bilateral con Ucrania.
Objetivos militares
Dmitro Pletenchuk, portavoz de la Armada de Ucrania, mencionaba el lunes en Radio Svoboda la amenaza de los Kalibr y se preguntaba si el alto el fuego también suponía que los misiles y drones de la flota rusa en la península de Crimea, anexionada ilegalmente por Moscú en 2014, tampoco podrían ser utilizados. Lo mismo puede plantearse el invasor: ¿serán objetivos legítimos los activos de la flota rusa del mar Negro en tierra firme? Lo más importante para Ucrania, según Pletenchuk, es que los puertos de Odesa, Jersón y Mikolaiv no sean objetivo de más ataques.
Ucrania, como Rusia, ha planteado sus condiciones más allá del documento pactado con EE UU. Su ministro de Defensa, Rustem Umerov, ha pedido nuevas reuniones para concretar detalles de la tregua marítima. Y ha subrayado que Kiev considerará una violación de la tregua que los buques de guerra rusos “naveguen más allá de la parte este del mar Negro”, es decir, fuera de las aguas territoriales rusas. Umerov no menciona a los puertos y de las aguas de Crimea, pero una reclamación ucrania desde la anexión en 2014 es que deben abandonar la península, algo que por ahora se antoja imposible.
Las suspicacias de un movimiento sin restricciones de los navíos militares rusos en el mar Negro no son solo ucranias. Bulgaria y Rumania han hecho saber a través del Financial Times, a partir de fuentes anónimas, de sus suspicacias respecto a lo que puedan acordar Rusia y EE UU.
El mar Negro ha cobrado protagonismo durante la guerra por su “alta militarización” pero también por el “considerable peso comercial y geopolítico” que tiene en el proceso de ampliación de la Unión Europea, según incluye un informe de este marzo del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad (ICDS). Este organismo de estudios báltico advierte sobre el dominio que quiere establecer Rusia en este importante espacio para el comercio hacia Asia, y la urgencia para la UE para responder a ello.
El plan del Reino Unido y de Francia para garantizar un posible acuerdo de paz incluye también el despliegue en el mar Negro de buques de guerra y aviones europeos. En un análisis publicado este marzo, el centro de estudios estadounidense Atlantic Council incide en el mismo sentido: “Incluso si se alcanza un acuerdo de paz, la región del mar Negro continuará siendo un espacio disputado, militarizado e inestable”. “Rusia lanza con frecuencia ataques de guerra híbrida contra sus vecinos, y un pacto para la paz no limitará al Kremlin para continuar entrometiéndose en estos lugares”, indica en Atlantic Council Arnold C. Dupuy.